
Navidad eres tú
Se acerca, un año más, la celebración de la Navidad, datada desde hace siglos (probablemente desde el siglo IV de nuestra era) el 25 de diciembre, fecha en torno a la cual los romanos de aquella época celebraban la fiesta del solsticio de invierno, del dios invictus, del sol que a partir de esos días comienza a ganar terreno con su luz sobre las tinieblas nocturnas. Pero cuando el Imperio romano sucumbió bajo el mensaje de amor de una nueva forma de entender de la vida, esta fiesta pasó a recordar el nacimiento de la verdadera luz para los cristianos: Jesús de Nazaret.
Y desde entonces se celebra la Navidad en esa fecha. En realidad se trata de un cumpleaños -el de Jesús- pero lo cierto es que en los últimos años ha adquirido una connotación social que supera lo meramente religioso, tanto es así que la sociedad de consumo, los poderes económicos, se han adueñado y puesto un precio a la cuna del Niño Jesús -por decirlo de una manera llana- ya que se han apoderado de estas fechas para convertirlas en la fiesta del máximo consumo, celebrada de modo espectacular en las grandes áreas comerciales.
Con todo, sigo creyendo que habría que recuperar el sentido primigenio de esta celebración tanto para
creyentes como para no creyentes, puesto que lo que celebramos los cristianos en Navidad es que hay otra forma de ser personas humanas, superando el egoísmo, viviendo pensando más en los demás, sobre todo en los más necesitados, en quienes lo están pasando mal, en los enfermos, en los débiles, en quienes soportan como pueden el embate de la crisis. Y esta es tarea para todos. Sí, esta es la auténtica Navidad. Por eso podríamos concluir afirmando que la verdadera Navidad eres tú, en la medida en que te dedicas a hacer el bien a los demás.














