








Muchos son los testimonios y experiencias de todos los que pasan por El Centro Social Albergue Juan XXIII, de muchos colores y variopintas, alegres, tristes, reales como la vida misma, amargas y en pocas ocasiones dulces. La vida reparte muchas cosas y para los que tienen por costumbre, obligadas o no, frecuentar y depender, en la mayoría de los casos, de lugares como albergues y demás lugares de acogida y ayuda social, son más las tortas que las caricias las que se reciben, aunque estos lugares pueden ser un bálsamo para esas tortas que se reparten en la vida a los más desfavorecidos de la sociedad. Mucho se puede hablar de esta tema, de las soluciones que se pueden encontrar para remediar un mal que no tenía que existir en una sociedad que ya camina por el siglo XXI. Pero esta es la realidad. Mientras halla ricos, siempre existirán los pobres, pero unos sin otros no pueden existir. Unos y otros comparten una simbiosis, como en un ecosistema, la existencia de uno es la dependencia del otro. Esta es la gran realidad, mientras tanto, los más desfavorecidos, dejando a parte las causas del por qué estas situaciones tan distantes, unos tantos y otros tan pocos, son los que de momento estan en las capas más bajas.






